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lunes, 17 de junio de 2013

Capítulo ciento dos.





El presidente del banco no lo había hecho; ni siquiera lo había hecho el vicepresidente. Pero el jefe de contabilidad había sido convocado a una reunión con ellos, y aquélla fue una de esas ocasiones en las que Mar no necesitaba ser vidente para saber lo que sucedía. No se sor- prendió cuando el jefe del departamento volvió con cara de descontento y la llamó a su despacho. Lo lamentaban mucho, pero la principal responsabilidad que tenían era con sus clientes, etcétera. En resumidas cuentas, que el viernes era su último día. Se sentían magnánimos al permitirle quedarse hasta esa fecha.
Mar pensó en ser magnánima también dando media vuelta y marchándose en aquel momento, que era lo que ellos deseaban, pero el impulso no le duró mucho. No estaba de muy buen humor.
Todavía estaba enfadada cuando fue a casa de Thiago, tan enfadada que no le quedaba sitio para nada más. Estaba furiosa desde que se dio cuenta de que Dane la había traicionado, y tenía previsto seguir furiosa en el futuro inmediato.
Llevaba ya en casa el tiempo suficiente para haberse puesto ropa más cómoda cuando oyó que llegaba un coche. Se asomó por la ventana esperando ver a Thiago, pero en cambio vio a Rama desdoblando su larga figura de su coche de línea deportiva. Fue a la puerta para recibirle.
-Hola, cielo. -Se colgó las gafas de sol de un dedo y se inclinó para besarla en la mejilla.
Mar alzó una ceja en gesto irónico ante semejante despliegue de afecto.
-¿A qué viene eso de estar tan cariñoso?
Rama sonrió abiertamente y levantó las manos.
-No dispares, voy desarmado. Ya veo que no te has enfriado mucho.
-¿Vienes en plan avanzadilla, a ver si ataco?
-No exactamente. Thiago se va a retrasar unos minutos, y creemos que no debes estar sola.
-Gracias por preocuparos.
-No parece que lo digas en serio -bromeó Rama, aunque sus ojos oscuros permanecían atentos.
-Hoy me han despedido -replicó Mar-. Así que no estoy para muchas bromas. Gracias al bondadoso corazón de mis jefes, me dejan quedarme hasta que termine esta semana.
Rama lanzó un resoplido.
-Yo me habría ido hoy mismo.
-Yo también, pero eso era precisamente lo que ellos querían. ¿Te apetece algo frío de beber?
-Sólo si no tiene alcohol.
-No hay problema. ¿Limonada, zumos, té o refrescos?
-Té.
-Marchando. Un hombre inteligente, no bebes cuando conduces.
-No bebo mucho en general, no me sienta bien -comentó Rama mientras seguía a Mar a la cocina-. ¿Te instalaste anoche?
-Yo no diría tanto. Sólo coloqué mis cosas. -Sacó dos vasos del armario, echó en ellos unos cubitos de hielo y los llenó del té que había hecho esa mañana antes de irse a trabajar-. ¿Limón?
-No, gracias. Tomo el té solo.
Mar rió suavemente y ambos chocaron los vasos entre sí.
Rama la observó mientras bebía.
-¿Vas a perdonar a Thiago?
Mar se encogió de hombros.
-No es la estratagema con los periodistas lo que me ha molestado tanto, sino el hecho de darme cuenta de que ha jugado con mis sentimientos.
-¿De verdad crees que no le interesas lo más mínimo?
-Si es así, desde luego no lo ha mencionado nunca. Lo que me duele es que deliberadamente ha cultivado mis sentimientos hacia él y después los ha usado para manipularme.
-Thiago puede tener una perspectiva muy reducida en lo que se refiere a su trabajo -dijo Rama con delicadeza-. Vamos a sentamos.
-¿Vas a hacer la defensa de su caso? -preguntó Mar al tiempo que se acomodaban frente a la mesa.
-En realidad no, pero conozco a Thiago mejor que nadie en e mundo, incluida tú y cualquiera de su familia. Ellos sólo han crecido con él, tú sólo has dormido con él; pero yo he arriesgado mi vida con él. Le conozco desde las peores circunstancias.
-¿Le crees capaz de utilizar a alguien a sangre fría en una investigación?
-Por supuesto que sí. Es policía, y yo también. Pero Thiago nunca ha mostrado sangre fría
en lo que a ti concierne ¿Cómo podría explicarte esto sin ser ordinario? -murmuró, mirando al techo-. ¿Recuerdas cuando acudiste a la oficina de Bonness, y Thiago y tú os enzarzasteis en una pelea allí mismo?
Mar asintió.
-Bueno, para decirlo con delicadeza, Thiago estaba tan empalmado que ni un gato podía arañarle.
Mar se ahogó con el té y después se recostó en su silla, partiéndose de risa. Rama estiró sus largas piernas, lánguido como un felino, complacido consigo mismo mientras aguardaba a que Mar se calmase
-Es mi héroe -prosiguió al cabo de un instante. No estaba mirando a Madr, pero sus labios se curvaron en una minúscula sonrisa, más bien de buda de sí mismo, mientras miraba el hielo de su vaso-. Yo no me uní a la policía por idealismo ni nada de eso; estaba abucrido y me pareció un trabajo interesante A Thiago ya mí nos emparejaron después del primer año, y desde entonces siempre hemos estado juntos. Yo no creo mucho, ni confío mucho, pero Thiago es una roca de la que puedo fiarme pase lo que pase. No es que él sea idealista, tampoco; es todavía más escéptico que yo. Pero posee un sentido de lo que es bueno y lo que es malo, y nunca lo ha perdido de vista. Lo único que veo yo son distintos matices de gris, pero Thiago ve el blanco y el negro Sabe que existen determinadas cosas por las que merece la pena luchar, y está dispuesto a ponerse él en la línea de fuego Es un cabrón valiente, heroico, y nunca ha sido consciente de ello. Es un chico del sur a la antigua usanza, la sal de la tierra Conoce la calle, sabe desenvolverse, y es listo como un zorro. Un verdadero tipo de los de antes. También es tacaño Dios, ¡qué tacaño puede ser! Pero se vuelve de gelatina en lo que se refiere a las mujeres. Solíamos reírnos de él, cuando todavía era patrullero y tenía que atender un accidente. Si había alguna mujer afectada, no importaba lo más mínimo que sólo se hubiera hecho daño en el brazo mientras que había un hombre sangrando por doce sitios; era como si no viera al hombre. Se iba directo hacia la mujer y se cercioraba de que estuviera bien, con tal ternura que al cabo de unos minutos las tenía derretidas a sus pies. Luego se avergonzaba cuando se daba cuenta de que había dejado a otro hombre tendido en el suelo, y todos nos reíamos de él
-No necesitas contarme que es un buen enfermero -dijo Mar secamente.

-No, supongo que no. Pero nunca le he visto como está ahora contigo. Siempre ha tenido mujeres, y ninguna de ellas ha significado para él lo bastante como para interferir con su trabajo. Hasta que apareciste tú. No podía dejar de pensar en ti. Le volviste loco, le enfadabas de tal forma que no podía pensar. Era lo más divertido que he visto en un par de años. Es posible que él mismo no sepa que está enamorado de ti, pero créeme, no va a soltarte. Le conozco. Si sales por esa puerta, al minuto le tendrás detrás.

Continuará... 

6 comentarios:

Gracias por comentar!! :)

Mary